Cuerpo Contenedor · Savia Alquimia
Postular
Escuela Savia Alquimia para el cultivo de una vida más plena

Cuerpo
Contenedor

recibir · sostener · expandir · confiar

La capacidad somática de albergar lo que llega —el dinero, el deseo, el placer, el reconocimiento— sin contraerte de vuelta ni desbordarte.

Un proceso profundo sobre la neurobiología de recibir y sostener

Octubre a diciembre 2026  ·  Plazas limitadas  ·  con María Catalina Fernández

Para ti

Acompaño a muchas mujeres que anhelan vivir de lo que aman. Y que, sin embargo, no se lo permiten.

No confían. No se creen capaces. Dan de más y cobran de menos. Se esconden justo cuando algo empieza a crecer. Regalan su trabajo, se agotan en nombre de la entrega, y cuando llega la abundancia, el cuerpo se contrae.

Eso no es falta de mentalidad, ni de técnicas de venta. Es un sistema nervioso que aprendió —por historia, por herencia de escasez, a veces por dolor— que crecer es peligroso. Y por eso no se trabaja con frases motivadoras, ni solo en el cuerpo: se trabaja en el sistema neurosomático, donde el cuerpo y el sistema nervioso se encuentran.

No te falta perfeccionarte más. Se trata de expandir lo que ya hay en ti.

No es salir de tu zona, ni volverte otra. Es ampliar tu espacio interno —tu contenedor— para que quepa, por fin, todo lo que estás lista para recibir.

Una invitación a regresar

Lo que este proceso busca despertar no es solo una nueva relación con el dinero: busca restaurar una relación más viva contigo misma.

Porque antes de la abundancia está la vitalidad. Antes de la expansión está la capacidad de sentir. Antes de crear una vida más grande está la posibilidad de habitar plenamente la que ya existe dentro de ti.

Muchas mujeres han aprendido a funcionar, a cumplir, a sostener, a cuidar, a producir. Pero en el camino se han desconectado de partes esenciales de sí mismas: del deseo, del placer, de la creatividad, de la espontaneidad, de la capacidad de recibir. Poco a poco la vida se vuelve una sucesión de responsabilidades y esfuerzo, mientras aquello que alguna vez las movió comienza a apagarse.

Este proceso es una invitación a regresar. A recuperar la relación con aquello que te da vida. A escuchar tu deseo sin culpa. A reconocer el placer como una fuerza biológica que orienta. A reconectar con la creatividad —no como una habilidad artística, sino como la capacidad natural de generar nuevas posibilidades para tu vida—. A dejar de vivir organizada alrededor de la protección, para empezar a organizarte alrededor de la creación.

A recordar que la abundancia no es solamente dinero: es energía, presencia, tiempo, vínculo, belleza y libertad —la vida volviendo a circular dentro de ti.

Lo que buscamos despertar es una mujer que vuelve a confiar en sí misma: que puede recibir sin contraerse, desear sin justificarse, crear sin pedir permiso, disfrutar sin culpa, sostener más vida sin perderse a sí misma. Una mujer que deja de sobrevivir para habitar plenamente su propia fuerza vital.

Pero esa confianza no se piensa: se aprende en el cuerpo —en un sistema nervioso que vuelve a sentirse seguro para recibir.

Qué es este proceso

La abundancia no es acumulación. Es oscilación.

Un sistema nervioso sano pendula: se moviliza y se repliega, se abre y se recoge. La abundancia, entendida así, es la capacidad de moverte entre la receptividad y la acción, entre la expansión y la contracción, sin quedarte pegada en ningún polo.

Y la abundancia es mucho más que dinero: es placer, deseo, poder creativo, descanso, reconocimiento, vínculo —la vida entera entrando en ti—. Pero si hay un polo que a casi todas nos cuesta, es el de recibir: damos con facilidad, y recibir nos tensa el cuerpo. Por eso, en el fondo, la abundancia es capacidad de recepción. No es una creencia: es una función del cuerpo, y se puede aprender.

Lo que este proceso es

No es un método para hacerte rica en diez días, ni un curso de ventas. Es un proceso de restauración: recuperar tu capacidad de recibir, de sostener y de expresar tu propio valor. Cuando una mujer sale de aquí con más capacidad de recibir, mostrarse, sostener y confiar, el negocio se vuelve una consecuencia natural del proceso —no al revés—.

Y recibir y sostener todo eso pide un cuerpo capaz de contener. De eso habla el nombre: una mujer que se vuelve vasija —un contenedor que puede acoger lo que llega, el placer, el deseo, el dinero, el reconocimiento, sin desbordarse ni contraerse de vuelta—. No basta con atraer la abundancia: hay que poder encarnarla y sostenerla en el cuerpo. Ese es, justamente, el trabajo.

María Catalina Fernández sosteniendo una vasija de cerámica

Transformar lo que te limita para ir por lo que anhelas y expandirte hacia tus sueños.

Somática de la manifestación

Intentas manifestar lo que anhelas y, una y otra vez, regresas al mismo lugar. No es falta de fe ni de deseo: es la forma en que tu cuerpo aprendió a predecir la realidad.

La evidencia de las últimas décadas sugiere que el cerebro no espera la realidad: la anticipa. A cada instante construye una predicción de lo que va a ocurrir —en el cuerpo, en el vínculo, en lo que es posible— y solo la corrige cuando el mundo la contradice con claridad; diversos modelos de la neurociencia contemporánea —el cerebro predictivo, la codificación predictiva— proponen que percibir es, en buena medida, confirmar una hipótesis previa. Y esa hipótesis se construye con tu historia: con lo que tu sistema nervioso aprendió a esperar de niña, con las veces que recibir dolió, con la escasez heredada. Si aprendió a anticipar carencia o peligro, esa predicción organiza —por debajo de tu deseo consciente— lo que ves, lo que crees posible y lo que te atreves a habitar. No es que no merezcas: es que tu cuerpo predice un mundo en el que eso, todavía, no cabe.

A ese mecanismo se suma otro, bien documentado en psicología cognitiva: el sesgo de confirmación, la tendencia a notar y dar más peso a aquello que confirma lo que ya creemos. Por eso encuentras, una y otra vez, justo lo que temías —no porque el mundo conspire, sino porque tu atención, fiel a la predicción, se posa en las señales que le dan la razón y deja pasar las que la contradicen.

Aquí se entiende por qué el solo anhelo no alcanza, y por qué repetirte afirmaciones rara vez sostiene el cambio: le estás pidiendo a la mente consciente que corrija una predicción que vive en el cuerpo. Por eso este trabajo no parte de la fuerza de voluntad, sino de la coherencia, y se hace en dos direcciones: desde el cuerpo hacia la mente, con regulación y experiencias nuevas que le den al sistema una evidencia distinta de la que esperaba —porque la predicción solo se actualiza cuando el cuerpo vive algo que la contradice—; y desde la mente hacia el cuerpo, con una comprensión que reordena la historia. No para forzar la realidad, sino para que tu sistema deje de predecir desde la supervivencia y empiece a permitir una vida más amplia.

No manifiestas lo que deseas: encarnas, poco a poco, lo que tu cuerpo por fin puede predecir como posible.

El recorrido

Primero la raíz. Después, la obra hacia afuera.

El orden no es intercambiable: es el corazón de la propuesta. No se aprende a vender antes de restaurar el eje interno. Si la estrategia llega antes que la raíz, fabrica buenas vendedoras vacías.

I

El eje interno

Las primeras cinco sesiones trabajan hacia adentro: por qué el solo anhelo no basta, los mandatos heredados, la confianza como sensación corporal, la oscilación, y la escucha de lo que viniste a entregar.

II

La mujer estratega

La mujer que, restaurado su eje, se organiza, se dirige y lidera. Aquí la estrategia entra limpia: no como control ansioso, sino como ritmo vuelto estructura.

Nueve encuentros

El arco, semana a semana.

Cada encuentro te mueve un paso, de la contracción a la capacidad de sostener. Esto es lo que trabajamos en cada uno, y lo que empieza a cambiar en ti.

1
Movimiento I

Somática de la manifestación

Aquí llevamos al cuerpo lo que en este punto ya comprendiste: que no manifiestas desde la mente, sino desde lo que tu sistema nervioso aprendió a predecir. Empezamos a entregarle experiencias nuevas que contradigan la predicción de escasez —el inicio del trabajo de reprogramar la mente desde el cuerpo, y el cuerpo desde la mente— para que tu sistema deje de organizar tu vida desde la supervivencia.

Comprendes por qué el solo anhelo no basta — y empiezas a reprogramar, desde el cuerpo, lo que tu sistema cree posible.
2
Movimiento I

La contracción y los mandatos

Conoces esa sensación de querer más y frenarte al mismo tiempo, la voz que pregunta "¿quién soy yo para cobrar eso?". Aquí mapeamos dónde vive la contracción en tu cuerpo y cuál es tu firma de freno —congelarte, hacer de más, esconderte, regalar tu trabajo— y nombramos el mandato heredado que está debajo: la mujer que no debe querer dinero, ni poder, ni ser vista deseando. Y debajo de ese mandato, algo aún más antiguo: el linaje del no merecimiento, la creencia —cargada como una huella— de que acceder a la riqueza, al placer o al reconocimiento no te corresponde; a veces, sin saberlo, una parte se resiste a recibir por una lealtad silenciosa hacia las que vinieron antes y no pudieron tener. Son, en el fondo, patrones heredados de escasez: no se eligen, se transmiten por vínculo y por lo que el cuerpo aprendió a esperar, y quedan grabados como una forma de protección —la certeza de que nunca alcanza— que sigue operando aunque tu realidad presente ya sea otra. Aquí no los combatimos repitiéndote que sí mereces; los reconocemos, los nombramos y empezamos a darle al cuerpo una experiencia distinta, para que el no merecimiento deje de organizar, en silencio, lo que te permites tener.

Empiezas a distinguir tu deseo verdadero del mandato heredado, y a soltar la lealtad antigua que te mantenía en el no merecimiento.
3
Movimiento I

El eje interno: crear seguridad desde el cuerpo

"No me creo capaz" no se resuelve repitiéndote que sí puedes; ya lo intentaste y la duda vuelve, porque no es un pensamiento: es un estado del cuerpo. La seguridad interna no se argumenta, se encarna: se ha descrito que vive en la interocepción y en lo que el sistema nervioso lee como seguro —la neurocepción—, más que en la voluntad. Aquí la trabajamos donde de verdad habita —en la sensación de centro— con prácticas de enraizamiento que devuelven el "puedo" como algo que se siente desde adentro, no como una frase que te obligas a creer.

Construyes una seguridad interna real —desde el cuerpo— y decides desde un centro que ya no necesita pedir permiso.
4
Movimiento I

La oscilación: recibir y accionar

O te quemas haciendo todo a la vez, o te quedas esperando sin mostrarte: casi siempre vivimos pegadas a un polo. En esta sesión aprendes el péndulo —cuándo accionar y cuándo recibir, cuándo expandir y cuándo recoger— y reconoces cuál es el tuyo. Aquí también desarmamos una de las ecuaciones que más agota: la que dice que más abundancia exige más trabajo. Ese «más dinero, más esfuerzo» no es una ley económica; es un patrón que el sistema nervioso aprendió para sentirse a salvo —asociar la seguridad al hacer y al controlar—, y por eso, cuando algo crece, el cuerpo tiende a producir todavía más para merecerlo o sostenerlo. Sostener la expansión es, en el fondo, la capacidad de que llegue más sin tener que hacer más: dejar que la cosecha ocurra sin volver a arar el campo apenas asoma. Empiezas a organizar tu tiempo en ciclos de siembra y cosecha, en lugar de en urgencia permanente.

Dejas de confundir el descanso con pérdida, y la prisa con valor.
5
Movimiento I

La medicina que vienes a ofrecer

Muchas mujeres creen que fracasan por no tener un don. Casi nunca es así: fracasan intentando expresar un don que no es suyo —copiado de otra, heredado, aprendido para encajar—, y por eso nada termina de sostenerse. Aquí vamos más hondo que "encontrar tu talento": escuchamos cuál es tu voz, cuál es tu medicina, cuál es tu lugar natural dentro de una comunidad y cuál es la contribución específica que viniste a encarnar. Y tu medicina no es solo algo que se descubre: es algo que se crea, que se da a luz; por eso aquí despierta también tu poder creativo, la fuerza con que tu entrega toma forma en el mundo y empieza a generar prosperidad. No se piensa con la cabeza: se rastrea en el cuerpo, que se enciende cuando algo es genuinamente tuyo y se apaga cuando estás imitando.

Dejas de forzar un don prestado y empiezas a dar luz a tu propia medicina — magnética, y mucho más liviana de sostener.

Hasta aquí, la raíz. Lo que viene —cobrar, mostrarte, dirigirte, liderar— ya no se sostiene con técnica, sino con el eje que acabas de encarnar.

6
Movimiento II

Servir sin abandonarte

Das de más, cobras de menos, y cuando alguien no te paga te angustias: en el fondo crees que cobrar te aleja de servir. Pero ese nudo no es un problema de números, es la somática del dinero —la forma en que tu cuerpo se contrae al pedir y al recibir—, y debajo hay un modo de vincularte con la abundancia: hay quien la aprieta por miedo a perderla, quien la mantiene a distancia para no depender de ella, quien no logra dejarla entrar. Reconocer cuál es el tuyo te permite relacionarte con el dinero desde la seguridad y no desde la falta. Aquí comprendes que servir y recibir no son opuestos, sino el mismo circuito —el dinero es cómo ese ciclo se completa para que sigas dando sin vaciarte—; trazas los límites entre dar y recibir, hasta dónde das sin abandonarte y cómo dejas de regalar tu trabajo para ahorrarte la incomodidad de recibir; y aprendes a sostener tu valor sin bajar el precio apenas la otra duda ni disculparte por cobrar. Porque lo que se paga no son tus horas: es tu formación, tu presencia y la transformación que sostienes. Desde ahí, poner un precio deja de ser codicia y se vuelve coherencia.

Aprendes a poner —y a sostener— un precio sin culpa, porque tu sostén también sostiene a quienes acompañas.
7
Movimiento II

Dirigirte a quienes deseas que lleguen a ti

Aquí no saltamos del cuerpo a "la comunicación" como si fueran mundos distintos: toda comunicación es un fenómeno vincular, y por eso no comunicamos para convencer, sino para generar resonancia. Partimos de la neurobiología de la pertenencia y de algo muy antiguo en ti —la necesidad humana de ser vista—, y en el camino se revela tu propia forma de vincularte: cómo te acercas, cómo te retraes, dónde complaces o te escondes para ser aceptada. Reconocerla te permite mostrarte desde tu verdad y no desde la vieja estrategia de pertenecer. Entendemos por qué tu cuerpo puede leer el mostrarte como un peligro, lo regulamos, y desde ahí tu mensaje vibra en su verdad, para que las mujeres que te corresponden se reconozcan en él. No persigues a todas: resuenas con las tuyas.

Comunicar deja de ser convencer y se vuelve resonancia — te muestras, y las tuyas te reconocen.
8
Movimiento II

Tu poder sin miedo

Muchas mujeres pueden sostener el trabajo; lo que no pueden sostener es ser vistas. Por eso aquí el tesoro no es solo tolerar el poder, sino la visibilidad. Te enseñaron a no ser "demasiado", y por eso tu sistema nervioso puede leer el éxito, el dinero, el deseo o la autoridad como amenazas, y contraerte justo cuando empiezas a brillar. Trabajamos en el cuerpo esa relación entre visibilidad y sistema nervioso: poder ser vista en tu poder, en tu deseo y en tu placer, sin colapsar hacia la sumisión ni endurecerte hacia el control. Aquí también vuelven tus límites —tu sí y tu no claros—: poner un límite sin culpa deja de sentirse como rechazo y se vuelve una de las formas más concretas de tu soberanía, la que protege tu poder en vez de diluirlo. Así, mostrarte y liderar dejan de ser técnicas y se revelan como actos de soberanía —y de ahí nace la audacia de atreverte a vivir de lo que amas.

Aprendes a ser vista en tu poder — y te atreves a vivir de lo que amas, sin dar explicaciones.
9
Movimiento II · cierre

Sostener en el tiempo

Conoces el sabotaje fino: contraerte justo cuando algo despega, esconderte después de brillar, enfermarte al triunfar. No es falta de mérito, es un sistema que aún no había aprendido a sostener lo expandido. Aquí traemos el sustrato del cuerpo —los ritmos, la energía real, el descanso como parte de la abundancia— y diseñas tu propio sostén para cuando el proceso termine.

Te vas con un ritmo propio que te permite habitar una vida más grande sin quemarte.
Cuatro jueves con Marc Reverter

La abundancia como un estado del cuerpo.

Cuatro encuentros de mantra, sonido y vibración, guiados por Marc Reverter, que acompaña las prácticas somáticas, de voz y respiración en los procesos de Savia Alquimia. Más que técnicas sueltas, son rituales sonoros: espacios de presencia donde la voz, el ritmo y la repetición sostenida crean un marco para habitar el cuerpo. La vocalización prolongada se asocia a la activación del tono vagal y del estado desde el cual el cuerpo puede recibir sin tensarse; cada jueves entrena, por la puerta del sonido, lo que el resto del proceso trabaja por el movimiento.

No es la abundancia del bolsillo lo único que cultivamos: es la de la vida que recibes. Cuatro rostros de la riqueza que el dinero no compra, encarnados en el cuerpo a través de la voz.

Jueves 1

Vitalidad

La energía vital como primera riqueza: el cuerpo que tiene de dónde dar.

Jueves 2

Vínculo

Recibir de otras, pertenecer, dejarse sostener. La co-regulación.

Jueves 3

Tiempo

El tiempo y el descanso como riqueza. Salir de la prisa de la escasez.

Jueves 4

Belleza y lo sagrado

El placer, la gratitud, recibir la vida como un don.

Valor de apertura
USD 555
$530.000 pesos chilenos
Para las primeras 10 inscritas · después USD 777
Regalo para las primeras 10 inscritas: una llamada individual de 40 minutos con Catalina Fernández
Pago por PayPal · puedes dividirlo en cuotas con tu tarjeta de crédito
Postular a este proceso

Al tocar el botón me escribes por WhatsApp y conversamos si este es tu momento.

Quién soy
María Catalina Fernández, vestida de dorado, bajo un olivo

Soy María Catalina Fernández, creadora de Savia Alquimia. Desde hace más de catorce años acompaño procesos de transformación profunda en hombres y mujeres. Mi trabajo ha estado dedicado a comprender el cuerpo, el sistema nervioso, la salud y los procesos que nos permiten vivir con más vitalidad, más libertad y más coherencia con quienes realmente somos.

También soy mamá de tres hijos y la creadora de una escuela que hoy acompaña a miles de personas en distintos lugares del mundo. Lidero un negocio que amo, construido desde mis propios valores, desde mi propósito y desde una manera distinta de comprender el éxito, la abundancia y la vida.

Hoy puedo elegir cómo quiero trabajar, dónde quiero poner mi energía y qué proyectos deseo crear. Puedo disfrutar de experiencias que durante años parecían lejanas, viajar cuando lo deseo, sostener a mi familia y vivir con una libertad que alguna vez pensé que pertenecía a otras personas. El dinero dejó de ser una preocupación constante y dejó de ocupar el lugar de obstáculo que tuvo durante gran parte de mi vida.

Sin embargo, la verdadera transformación nunca tuvo que ver con el dinero.

Durante años viví intentando sostenerlo todo desde el esfuerzo, la exigencia y la hiperresponsabilidad. Me costaba cobrar, me costaba recibir, me costaba mostrarme y confiar. Sentía que siempre tenía que hacer más, producir más y esforzarme más para merecer aquello que deseaba. Mi capacidad de dar era inmensa, pero mi capacidad de recibir era muy limitada. Sabía sostener a otros, pero no sabía sostenerme a mí misma.

Con el tiempo comprendí que la abundancia no es algo que se consigue acumulando más cosas —ni se paga con más trabajo—, sino una capacidad interna que se desarrolla. Comprendí que mi cuerpo y mi sistema nervioso necesitaban aprender algo que nadie me había enseñado: a sostener tanto la expansión como la contracción como movimientos naturales de la vida.

Porque la vida no crece en línea recta: todo lo vivo oscila. Durante mucho tiempo interpreté la contracción como un fracaso y la expansión como algo que debía controlar o sostener a cualquier precio; hoy sé que ambas son expresiones naturales de la abundancia, que respira —se abre y se recoge, da y recibe—, y que cuanto más aprendemos a confiar en ese movimiento, más libres nos volvemos.

Lo que verdaderamente transformó mi vida fue dejar de construir desde la supervivencia y comenzar a construir desde la vida. Recuperar el deseo como una brújula interna. Volver a sentir placer sin culpa. Aprender a recibir apoyo, reconocimiento, amor, descanso y prosperidad sin contraerme frente a ellos.

Por eso este proceso no nace de una teoría ni de una fórmula de éxito, sino de una experiencia profundamente vivida: la de haber transitado el camino entre una vida organizada alrededor del esfuerzo y una organizada alrededor de la confianza. Y esa es, precisamente, la invitación que quiero compartir contigo.

María Catalina Fernández
Quienes ya han hecho el camino

Lo que cambia cuando el cuerpo
vuelve a sentirse seguro.

Estos testimonios provienen de mujeres que han atravesado estos procesos junto a Catalina de forma individual y en ciclos anteriores. Cuerpo Contenedor se dicta por primera vez en formato grupal: sus voces hablan del trabajo y del método que lo sostienen.

“Pensé durante mucho tiempo que mi dificultad era vender mi trabajo. Hoy sé que nunca fue eso.”

Cuando llegué a este proceso estaba convencida de que necesitaba aprender más. Sentía que todavía me faltaban herramientas, estrategias, seguridad. Había estudiado muchísimo, llevaba años perfeccionándome y, sin embargo, cada vez que tenía que cobrar, mostrar mi trabajo o dar un paso más grande, algo dentro de mí se contraía. Era una sensación muy difícil de explicar. Sabía que tenía conocimiento, sabía que podía ayudar a las personas, pero mi cuerpo reaccionaba como si crecer fuera peligroso.

Lo que encontré aquí fue completamente distinto a lo que esperaba. Catalina nunca intentó convencerme de pensar positivo ni de repetir afirmaciones. Lo que hizo fue ayudarme a comprender cómo mi historia, mi sistema nervioso y mi cuerpo habían aprendido a asociar la expansión con la amenaza. Por primera vez entendí que no era falta de confianza; era un cuerpo que llevaba muchos años intentando protegerme.

A medida que avanzaba el proceso comenzaron a aparecer cambios muy silenciosos. Dejé de justificar constantemente el valor de mi trabajo, empecé a disfrutar más de lo que hacía y descubrí que podía descansar sin sentir que estaba fallando. Poco a poco mi manera de relacionarme con el dinero también cambió, pero eso fue casi una consecuencia. Lo verdaderamente importante fue sentir que mi vida ya no estaba organizada alrededor del miedo, sino alrededor de aquello que realmente quería crear. Hoy siento que puedo sostener mucho más de lo que antes imaginaba, sin perderme a mí misma en el intento.

Pamela

“Llegué pensando que necesitaba aprender a hacer crecer mi trabajo. Lo que no sabía era que primero necesitaba hacer espacio dentro de mí.”

Durante años viví convencida de que el crecimiento dependía únicamente de mi esfuerzo. Mientras más trabajara, mientras más estudiara y mientras más hiciera, mejores resultados tendría. Y, sin embargo, había algo profundamente agotador en esa forma de vivir. Sentía que nunca era suficiente. Cada logro duraba muy poco porque inmediatamente aparecía una nueva exigencia, una nueva meta, una nueva sensación de que todavía faltaba algo para sentirme tranquila.

Lo que encontré en este proceso fue muy distinto a todo lo que había conocido. Catalina tiene una forma muy particular de integrar la ciencia, el cuerpo y la espiritualidad, y esa mirada cambió completamente mi manera de comprenderme. Dejé de pensar que mi problema era la falta de disciplina o de confianza y empecé a reconocer que mi sistema nervioso llevaba muchos años funcionando desde la supervivencia. No era una decisión consciente. Era una forma de organización interna que había aprendido mucho antes de que yo pudiera darme cuenta.

Esa comprensión fue profundamente liberadora porque dejó de haber culpa. Ya no sentía que había algo malo en mí que debía corregir. Empecé, simplemente, a observarme con más amabilidad y a construir nuevas experiencias de seguridad dentro de mi propio cuerpo. Poco a poco comenzaron a cambiar cosas muy concretas: pude poner límites sin sentir que estaba decepcionando a los demás, dejé de trabajar desde la urgencia constante y empecé a disfrutar nuevamente de mi creatividad. Lo más sorprendente fue descubrir que, cuando mi cuerpo dejó de vivir en alerta, el crecimiento dejó de sentirse como una amenaza. Ya no tenía que empujar la vida. La vida comenzó, poco a poco, a encontrar espacio para llegar.

Camila Sáez

“Sentía que debía hacerlo por mis ancestras: como ellas se privaron de todo, yo no podía traicionarlas.”

Tú abres una comprensión que pocas personas tienen. Cuando pensaba en la forma en que me relacionaba con el dinero y viajaba con esa información a través de mi cuerpo, veía la contracción, el cierre y la falta de merecimiento. Lo más intenso fue sentir que debía hacerlo por mis ancestras: como ellas no pudieron, yo tampoco podría. De repente me di cuenta de todo lo que me estaba negando, y de cómo esos patrones estaban tan grabados en mi cuerpo.

Viajar por mis vías autonómicas —como nos dices tú— abrió una claridad profunda sobre cómo mi experiencia somática se había cerrado para no traicionar. Pero el anhelo profundo de mi ser es encontrar y sostener la libertad: no solo hacer lo que amo, sino también abrazar la tan anhelada libertad financiera. Gracias, amada Catalina.

Francisca G.

“Cuando viajo por mi nervio vago siento esa expansión, y mis manos se abren.”

Ayer en la noche me entregué a terminar la última práctica y se siente completamente distinto todo. Qué delicia, qué apertura. Siento espacio adentro de mí, un río que fluye, unas ganas enormes de darme el sí que tanto anhelo tener. Siento liviandad y una capacidad casi sobrehumana de sentirme capaz: capaz de crear, contener y abrazar la vida de mis sueños. Siento esa sensación de la que tanto nos hablabas.

Qué regalo saber que podemos ir hacia lo que amamos. Cada espacio compartido contigo me lleva a lugares tan profundos que solo puedo agradecer todo lo que das.

María José
Para quién es

No es para todas, y eso es parte de su cuidado.

Es un proceso íntimo, profundo y sostenido en el tiempo, pensado para un grupo pequeño. Para que funcione como un verdadero contenedor, importa que llegues en el momento adecuado para ti.

Es para ti si…
  • ·Sostienes un trabajo, un proyecto o una vocación, y sientes que das mucho y te cuesta recibir.
  • ·Reconoces la contracción al cobrar, al mostrarte o al ocupar tu lugar, y quieres trabajarla desde el cuerpo, no solo desde la cabeza.
  • ·Intuyes que tu relación con la abundancia tiene raíces antiguas —mandatos, linaje, no merecimiento— y estás dispuesta a mirarlas.
  • ·Quieres aprender a recibir, a liderar y a conectar con tu poder femenino.
  • ·Buscas un proceso profundo y sostenido, no una técnica rápida ni una fórmula de ventas.
  • ·Deseas vivir de lo que amas y que tu prosperidad crezca, sin sacrificar tu libertad ni abandonarte en el intento.
  • ·Quieres explorar una relación segura y abierta con el dinero, y sentirte cómoda con la abundancia.
  • ·Deseas desplegar tu fuerza creativa sin miedo, y sostener tu vida alineada con tu propósito.
  • ·Quieres desprogramar la idea de que más trabajo y más esfuerzo significan, siempre, más dinero.
  • ·Quieres crear desde el placer, no desde la exigencia.
  • ·No temes comenzar a brillar —o estás lista para dejar de temerlo.
Qué incluye

Una inmersión de nueve semanas.

Cuándo y cómo

El ritmo mismo enseña a sostener.

Nueve encuentros, uno por semana, los sábados; y en noviembre, cuatro jueves con Marc. Un ritmo constante desde mediados de octubre hasta mediados de diciembre —porque sostener algo semana tras semana es, en sí mismo, la práctica que este proceso entrena.

Sáb 17 oct
Sesión 1 · Somática de la manifestación
Sáb 24 oct
Sesión 2 · La contracción y los mandatos
Sáb 31 oct
Sesión 3 · El eje interno: crear seguridad desde el cuerpo
Jue 5 nov
Jueves con Marc · Vitalidad
Sáb 7 nov
Sesión 4 · La oscilación: recibir y accionar
Jue 12 nov
Jueves con Marc · Vínculo
Sáb 14 nov
Sesión 5 · La medicina que vienes a ofrecer
Jue 19 nov
Jueves con Marc · Tiempo
Sáb 21 nov
Sesión 6 · Servir sin abandonarte
Jue 26 nov
Jueves con Marc · Belleza
Sáb 28 nov
Sesión 7 · Dirigirte a quienes deseas que lleguen a ti
Sáb 5 dic
Sesión 8 · Tu poder sin miedo
Sáb 12 dic
Sesión 9 · Sostener en el tiempo · cierre

Horario: sábados de 10:00 a 12:30 h (Chile) · jueves de 10:00 a 11:30 h (Chile). Todos los encuentros quedan grabados.

Al terminar

Lo que te llevas de estas nueve semanas.

Transformar tu relación con tu capacidad de crear y de contener: de generar una vida más plena —tu trabajo, tu creación, tu prosperidad— y de sostenerla en el cuerpo, sin abandonarte.

No te vas con más técnicas encima. Te vas con un cuerpo que aprendió a sostener lo que antes lo contraía:

Por eso, lo que inviertes no es por las horas de clase: es por la capacidad de sostener todo lo que viene después —y de no volver a abandonarte para lograrlo.

Valor de apertura
USD 555
$530.000 pesos chilenos
Para las primeras 10 inscritas · después USD 777
Regalo para las primeras 10 inscritas: una llamada individual de 40 minutos con Catalina Fernández
Pago por PayPal · puedes dividirlo en cuotas con tu tarjeta de crédito
Postular a este proceso

Al tocar el botón me escribes por WhatsApp y conversamos si este es tu momento.

Este proceso se abre a un grupo muy pequeño: plazas limitadas. Las primeras diez inscritas entran con el valor de apertura de USD 555 e incluyen una llamada individual de 40 minutos con Catalina Fernández para profundizar en tu cuerpo contenedor —un acompañamiento uno a uno que solo puede sostenerse con cuidado en un grupo así de íntimo—. Después, el valor sube a USD 777. El proceso comienza el sábado 17 de octubre; las postulaciones se cierran cuando se completan las plazas.

Antes de entrar

Lo que quizás te estás preguntando.

¿Necesito tener ya un negocio?

No necesariamente. Este proceso sirve tanto a la mujer que ya sostiene su proyecto y choca con un techo, como a la que recién se permite imaginarlo. Lo que trabajamos es la capacidad de sostener, y esa se cultiva en cualquier punto del camino.

¿Es un curso de marketing?

No. Hay estrategia, sí, pero entra recién en la segunda mitad, cuando el eje interno ya está restaurado. Primero la raíz, después la obra hacia afuera. En ese orden, la estrategia es coherencia; al revés, es técnica vacía.

¿Esto me garantiza generar cierta cifra?

No, y quien te lo prometa te está mintiendo. Lo que comparto es mi camino y prácticas reales. Tu transformación depende de ti, de tu historia y de tu proceso. Yo abro el espacio; el recorrido lo haces tú.

¿Y si no puedo asistir en vivo?

Los encuentros en vivo son el corazón del proceso: es ahí donde ocurre la regulación y la experiencia compartida del grupo. Aun así, todo queda grabado como respaldo —no como reemplazo—, de modo que si faltas a alguno lo recibes completo y lo conservas. La llamada individual la coordinamos según la disponibilidad de ambas, buscando un horario que funcione para las dos.

Mujer en reposo, envuelta en lino, en luz cálida

Moverte con tu flujo, en lugar de pelearte con él.

Vivir de lo que amas sin abandonarte en el intento.

recibir · sostener · expandir · confiar

Si llegaste hasta aquí y sientes que este es tu espacio, este es el momento de comenzar.

Comienza tu postulación

Me escribes por WhatsApp y conversamos si este es tu momento. El proceso comienza el 17 de octubre.