Plasticidad cerebral, rigidez predictiva y diálogo entre ontologías

Catalina Fernández. Investigadora independiente · Medicina integrativa · Neurobiología y conciencia
Directora – Savia Alquimia

Resumen

El interés contemporáneo por los hongos enteógenos en psiquiatría y neurociencia se ha intensificado debido a su potencial para modular estados de rigidez cognitiva y afectiva característicos de trastornos como la depresión y la ansiedad. Estos organismos, tradicionalmente utilizados en contextos rituales y ontológicos no biomédicos, contienen indolaminas —principalmente psilocibina y psilocina— que interactúan con sistemas serotoninérgicos corticales implicados en la organización del yo y del significado. Este artículo propone un marco conceptual integrador que articula hallazgos neurobiológicos recientes con una lectura crítica de los supuestos ontológicos de la biomedicina moderna. Se analiza la modulación de redes cerebrales, en particular la Red por Defecto, desde modelos de procesamiento predictivo, y se discute la distinción entre regímenes de modulación micro y macro como diferencias cualitativas en plasticidad neural. Finalmente, se examinan las implicancias clínicas de estos estados para la depresión y la ansiedad, subrayando la importancia de la integración posterior y de la evaluación del contexto y del trauma previo.


Palabras clave

Psilocibina; Indolaminas; Depresión; Ansiedad; Plasticidad cerebral; Red por Defecto; Procesamiento predictivo; Salud mental.


Artículo

En los últimos años, los hongos enteógenos han reingresado al campo de la investigación clínica como posibles agentes moduladores de la psicopatología afectiva. A diferencia de su uso histórico en contextos rituales y cosmológicos, el interés actual se centra en su potencial para intervenir en trastornos altamente prevalentes como la depresión y la ansiedad, particularmente en casos caracterizados por resistencia a tratamientos convencionales. Este desplazamiento implica un cambio ontológico relevante: de mediadores simbólicos y relacionales a agentes neuroquímicos con efectos observables sobre el cerebro humano.

Desde la ontología biomédica, estos hongos se comprenden principalmente a partir de las indolaminas que contienen, especialmente psilocibina y psilocina. Estas moléculas derivan del triptófano y comparten similitudes estructurales con la serotonina, lo que explica su afinidad por receptores serotoninérgicos corticales, en particular el subtipo 5-HT₂A. Dichos receptores se expresan de manera predominante en regiones asociativas de alto nivel, implicadas en la integración de información sensorial, emocional y cognitiva. La activación de estos receptores no produce conciencia, sino que altera la forma en que el cerebro organiza la experiencia consciente.

La depresión y la ansiedad pueden conceptualizarse, desde modelos contemporáneos, como trastornos de rigidez funcional. En la depresión predominan patrones de rumiación, autorreferencialidad negativa y dificultad para actualizar creencias internas; en la ansiedad, hipervigilancia persistente y sesgos predictivos orientados a la amenaza. A nivel de redes cerebrales, ambos cuadros se han asociado con una dominancia poco flexible de la Red por Defecto, red implicada en el procesamiento del yo narrativo, la memoria autobiográfica y la proyección temporal. Esta red, cuando opera de forma excesivamente rígida, puede sostener bucles cognitivos cerrados que perpetúan el malestar.

La modulación indolamínica se ha vinculado a una disminución transitoria del control jerárquico ejercido por la Red por Defecto, junto con un aumento de la comunicación entre redes cerebrales que habitualmente permanecen más segregadas. Desde la neurociencia de sistemas, este fenómeno se interpreta como un aumento de la plasticidad funcional, en el cual los modelos predictivos dominantes pierden rigidez y el cerebro se vuelve más sensible a información nueva, tanto sensorial como emocional. Este estado no constituye por sí mismo una intervención terapéutica, pero puede abrir una ventana en la que procesos psicoterapéuticos y de integración resulten más efectivos.

En este marco resulta relevante la distinción entre lo que en la literatura se denomina modulación micro y macro. Esta diferenciación no debe entenderse únicamente como una variación cuantitativa, sino como dos regímenes cualitativamente distintos de interacción entre las indolaminas y el sistema nervioso central. En el régimen micro, la señal indolamínica es lo suficientemente baja como para producir una modulación parcial de la neurotransmisión serotoninérgica sin desorganizar la arquitectura global de las redes cerebrales. Los cambios observados suelen ser sutiles —ligeras variaciones en atención, tono afectivo o flexibilidad cognitiva— y el yo narrativo permanece funcionalmente intacto. Desde el punto de vista clínico, estos efectos son altamente dependientes del contexto, de las expectativas y del estado basal del paciente.

El régimen macro, en cambio, implica un umbral neuroquímico y funcional distinto. En este caso, la activación de receptores 5-HT₂A es más extensa y sostenida, lo que conduce a una desorganización transitoria del control jerárquico de la Red por Defecto. Estudios de neuroimagen han mostrado disminución de la coherencia interna de esta red, aumento de la conectividad global y mayor variabilidad de los patrones de actividad cerebral. El cerebro entra así en un estado de alta plasticidad, en el cual creencias profundamente arraigadas —frecuentes en la depresión y la ansiedad— pueden volverse accesibles a revisión experiencial. Este estado, sin embargo, también implica un mayor riesgo de desorganización en individuos con trauma no integrado o baja capacidad de regulación emocional.

Desde una perspectiva clínica, la diferencia entre ambos regímenes tiene implicancias directas. Mientras la modulación micro suele ser compatible con la vida cotidiana y requiere mínima elaboración posterior, la modulación macro expone capas profundas de la experiencia subjetiva y demanda contención, acompañamiento terapéutico e integración posterior. La evidencia disponible sugiere que los beneficios potenciales observados en depresión y ansiedad no dependen exclusivamente del estado agudo inducido, sino del proceso de integración subsiguiente, en el que el paciente puede reconstruir significado y reorganizar patrones cognitivos y afectivos dentro de un marco seguro.

En este punto, resulta pertinente reconocer que el interés clínico actual converge, de manera no intencional, con intuiciones presentes en contextos tradicionales: la experiencia aislada no equivale a transformación. Desde la biomedicina, esta convergencia se traduce en la necesidad de evaluar cuidadosamente el contexto, la historia de trauma y la capacidad de integración del individuo antes de considerar cualquier intervención que incremente la plasticidad neural.

En conclusión, los hongos enteógenos y sus indolaminas representan un campo de investigación relevante para la salud mental, no como soluciones directas, sino como moduladores de la rigidez neural que caracteriza a la depresión y la ansiedad. Su valor clínico potencial reside en la capacidad de abrir ventanas temporales de plasticidad cerebral que, bajo condiciones adecuadas de contención e integración, podrían facilitar cambios terapéuticos duraderos. Comprender estos efectos exige no solo precisión neurobiológica, sino también una reflexión crítica sobre los supuestos ontológicos que informan nuestra comprensión del sujeto, la mente y la enfermedad.


Referencia:

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